QUIZÁ ESTE MOMENTO...

QUIZÁ ESTE MOMENTO...
La vida es un discurrir de momentos. Suelen sucederse sin que apenas reparemos en lo que nos están ofreciendo. Y, sin embargo, en algunas ocasiones, alguno de ellos, se hace presente y nos hace ser conscientes de nuestra propia existencia...

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jueves, 16 de octubre de 2014

EN BRUJAS

Llegamos a media mañana con la idea de quedarnos a comer. El aire olía a estiércol de caballo y a agua remansada. El día, aunque gris, tenía una calidez que hacía agradable la idea de dar un paseo en barca y perderse después por las viejas calles adoquinadas
Mientras esperaba en el embarcadero, oyendo a lo lejos el bullicio de la gente, me fijé en la antigua belleza de las casas y no pude menos que acordarme de aquella tormenta que en el año 1134 trajo la prosperidad a la pequeña ciudad de Brujas: la fuerza del agua fue tal, que consiguió abrir un canal natural dejando una vía abierta hacia el Mar del Norte trayendo consigo el comercio y con él el maravilloso esplendor de Flandes. Quise imaginar que tuvo que considerarse una desgracia el hecho de que en el siglo XVI todo ello se viniera abajo cuando las aguas del canal empezaron a solidificarse con la consecuente desaparición del puerto.  Y sin embargo fue ese suceso, esa decadencia,  lo que contribuyó a preservar el casco histórico de Brujas hasta el día de hoy sin que apenas haya sufrido una transformación.
Surcando el agua, pensando en todo ello, me sentí agradecida. Ahí estaba yo, embelasada viajera, contemplando la herencia de la historia. Ciertamente todo es relativo. Buena suerte, mala suerte... nunca se sabe.




viernes, 21 de marzo de 2014

EL TIEMPO EN PRAGA

Voy a paso rápido para verlo todo, para no perderme la belleza que esconde el tiempo en Praga. La vida discurre lenta, quizá demasiado lenta para mi prisa. Voy con los ojos ávidos de desconocidos rostros de gente que se parece a la gente conocida, de nuevas piedras en viejas calles, de nuevas calles en ciudades viejas.  Y miro, curiosa, un edificio aquí, una iglesia acá, un museo ahí, un palacio allá... Escucho a la vez varias conversaciones en idiomas diferentes sin entender nada más que la importancia que pueda tener lo que dicen apreciando la intensidad y la emoción de los que hablan... y casi comprendo. 
Voy soñando la historia con la vista abierta, imaginando retazos del pasado, llenando la mirada de cosas contempladas por miles de ojos antes que los míos, poniendo los pies sobre adoquines centenarios, escuchando rumores de rancias refriegas y  voces de mando, olfateando en el aire el leve resquicio de la vida diaria repleta de rutina antigua.
Voy a paso rápido para verlo todo sin perderme a mí misma. Voy pensando que mañana recordaré todo como si fuera un sueño y que mi hija será la encargada de dar fe de que no lo fue, que ella también estuvo allí, caminando a paso rápido conmigo, compartiendo observaciones, visitas, comidas y risas. 
Y sin embargo... Praga se queda prendida en las nieblas del sueño de mi memoria con esa luz tenue que la viste de irrealidad. La miro con pena de irme, y siento su voz ligera como la música... "Respira"- me dice- "Respira. Siente. Vive. Sueña. Entiende. Escucha. Respira..."


martes, 2 de julio de 2013

VIAJERA EN VENECIA

Venecia me recibió con un soplo de aire caliente con olor a mar. Ese fue su saludo de bienvenida. Antes que la visión lenta del Gran Canal, antes que el paseo por sus plazuelas, antes que el descubrimiento de sus puentes y palacios, se me hizo real a través del aroma del agua. No fue un olor desagradable, de alcantarilla (que era lo que en principio me esperaba), sino la sutil percepción de la sal por todas partes.
Luego vino todo lo demás: sus fachadas desconchadas, sus paseos bordeando los canales, sus hermosos palacios, sus rincones más íntimos, sus puentes escalonados, sus plazas con pozos, sus museos, su teatro, su Basílica, sus minúsculos jardines, sus iglesias (tantas como las islas que la componen), sus góndolas negras y ligeras, su bullicio interminable, sus sonidos...
Me cautivó desde el primer momento. Quise comprender por qué los enamorados la eligen como destino considerándola el marco perfecto para cualquier historia de amor. Y no lo entendí del todo. Recordé lo que Tiziano Scarpa señalaba en su pequeña guía sobre Venecia y que venía a decir que todo es tan bello que se hace casi necesario que la persona que llevamos al lado lo sea en la misma medida para no quedar ensombrecida por el entorno. 
Si, todo es bello, incluso en la decadencia que se percibe en sus edificios. Todo llama la atención y te hace quedar embelesado, invitándote a usar la imaginación para desplazarte en el tiempo y recobrar la ciudad que fue y, desde ahí, vivirla. Y así la anduve paseando de un lado para otro para descubrir sus barrios y percibir sus diferencias, tocando sus piedras,  dejándome deslumbrar por los brillos del agua, deslizándome  por sus canales, encaramándome sobre sus puentes, haciendo fotos tratando de que el gentío quedase a mi espalda para capturar momentos de soledad de la isla siempre habitada. 
Y me llené hasta el alma del olor a jazmín que  invadía sus rincones. Intenso. Dulce. Penetrante. Siempre presente en cada uno de los días de finales de primavera que allí pasé.
Venecia me acompañará siempre con esa facultad que tiene de eternizar el tiempo, con la increíble belleza de su madurez serena,  profunda y misteriosamente perfumada.