QUIZÁ ESTE MOMENTO...

QUIZÁ ESTE MOMENTO...
La vida es un discurrir de momentos. Suelen sucederse sin que apenas reparemos en lo que nos están ofreciendo. Y, sin embargo, en algunas ocasiones, alguno de ellos, se hace presente y nos hace ser conscientes de nuestra propia existencia...

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martes, 20 de agosto de 2019

YA SON 34, BETTY


Se llama Betty y es mi hija pequeña. Cariñosa, divertida, de carácter fuerte. La mejor amiga que se puede tener. Paciente con los defectos de los demás, y exigente consigo misma. 
Sabe escuchar, y sabe pensar. 
No sabe conformarse con aquello que no responde a lo que le hace sentir bien. Característica que comparte con su hermana, y de la que me siento orgullosa como madre.
Es de las que opinan que lo pasado, pasado está, y que la vida hay que vivirla hacia adelante.
No es rencorosa, a pesar de los sinsabores. Y sabe arriesgarse cuando considera que el riesgo merece la pena, cuando lo considera necesario para buscar su sitio.
Es 21 de agosto y  cumple 34 años sabiendo salvaguardar la necesidad de cariño familiar, diciendo sin tapujos que echa de menos las conversaciones con su hermana, y reclamando de vez en cuando mi atención de madre. 



lunes, 31 de diciembre de 2012

ANA VERSUS NATALIA

La fotografió así, con una postura indolente y relajada, ensimismada bajo una luz que teñía las piedras de un hermoso color ocre presagiando el otoño. Una mujer joven en un escenario centenario y decrépito. Las dos (mujer y piedra) con un protagonismo compartido en el enfoque de la imagen. Una perfecta simbiosis de ambos que Natalia, tras el objetivo y con toda su intuición acuestas, reviste de cálida vida. 

(A los curiosos y a todos aquellos que tengan interés por conocer algo de Natalia, aquí os dejo la dirección de su blog: amblamiradavaga.blogspot.com)

domingo, 15 de enero de 2012

EL VIEJO DRUIDA

Ahora no le quedan apenas hojas, pero, aún así, su figura se recorta imponente contra el cielo plomizo. Yo le llamo el "viejo druida". Su tronco está  recorrido por una suerte de venas de madera que se pegan y se funden en él como las varices en las piernas fibrosas de los ancianos. En primavera es frondoso, y al cobijo de sus ramas hacen nido multitud de pájaros y juegan las ardillas al escondite. Algunas tardes, cuando poso mis manos sobre él y acaricio las huellas de su larga existencia, percibo el calorcillo de la corteza y la vida que subyace en su quietud.
Su presencia empequeñece la mía. Siempre. Y lejos de incomodarme, me trae de vuelta a una realidad que se me escabulle en el diario ajetreo: la natural pertenencia al hábitat.

viernes, 2 de septiembre de 2011

NE ME QUITTE PAS



Habíamos pasado una semana olvidados del mundo real.
Del mundo del quehacer cotidiano.
Del mundo rutinario y prosaico.
Fueron días sin contacto con el mundo exterior, viviendo emociones a flor de piel,  encerrados en aquel colegio-internado, antiguo, rural...  
Viviendo emociones que había que sacar de lo más profundo de nuestro ser, de los lugares más escondidos de nuestra esencia, del encuentro de cada uno consigo mismo, de la interacción con el otro, de la preparación corporal y anímica para crear un personaje dispuesto a salir a escena...
Estábamos cansados.
Nuestros cuerpos habían danzado, se habían ralentizado, habían explosionado en ráfagas de creatividad, habían aprendido la disciplina en los movimientos. Habían sido vehículo consciente de todas nuestras manifestaciones emocionales como seres humanos, y se habían desconcertado en la búsqueda de los matices en la expresión.
No se vivía otra cosa que no fuera la introspección de la emoción para luego sacarla a la luz, a la vida... 
Trabajamos la mirada, la respiración, la proyección de los sonidos, la contención del sentimiento...
Estudiamos a Stanislavski y a Grotowski.
Establecimos pautas corporales.
Aprendimos a leer textos, a modular la voz...
Compartimos lo que éramos, lo que llevábamos a cuestas, los miedos, las limitaciones, los dones y los talentos, las miserias y las grandezas de nuestras vidas...
Y, al final,
el día de la despedida,
sentados en el suelo,
a oscuras,
en silencio,
con la certeza de que aquello se acababa,
en estrecha comunión unos con otros desde el conocimiento mutuo,
íntimo,
descarnado,
se puso esta canción...
Ne me quitte pas...
Las lágrimas brotaron mudas.
Todo lo que habíamos dado de nosotros mismos se derramó en las manos que se buscaron para apretarse...
suavemente...
sin aspavientos...
serenas...
cálidas...
vacías de sí mismas...
repletas de alegría, de tristeza, de miedo, de cólera, de ternura, de sensualidad...
de vida...
Ne me quitte pas.
Ne me quitte pas.
Ne me quitte pas.