QUIZÁ ESTE MOMENTO...

QUIZÁ ESTE MOMENTO...
La vida es un discurrir de momentos. Suelen sucederse sin que apenas reparemos en lo que nos están ofreciendo. Y, sin embargo, en algunas ocasiones, alguno de ellos, se hace presente y nos hace ser conscientes de nuestra propia existencia...

sábado, 17 de septiembre de 2011

RELEYENDO...


"... me preguntaba qué pasaría si yo también cediera a la eterna tentación de escapar de puntillas, sin grandes gestos, sin hacer ruido, quedarme en la cama, simplemente, una mañana, en vez de levantarme para ir a trabajar, y después decidir que aquel día no iba a hacer la comida, y marcharme al cine yo sola, por la tarde, y dormir otra vez, dormir mucho tiempo."
"En algún momento, entre mi hijo y mi hija, después de cumplir los treinta, me acordé de Mi Vida, aquella caja tan grande, envuelta en un papel rojo y asegurada con tantos lazos, y me pregunté de qué había resultado estar rellena. Desde entonces, lo único que me compensa por las pocas cosas que hay dentro es la certeza del amor que siento por esas pocas cosas, una docena de luces de colores: dos niños, un par de libros...,ciertos amigos, ciertas amigas, la memoria de un amante,... algunos sabores, algunos olores, algunas noches memorables, algunas risas que aún no se han apagado del todo..."
"... Sonrío muy a menudo, como con apetito, disfruto de las copas y de la conversación, nunca he tenido una depresión, me gusta hablar por teléfono y tengo un orgasmo cada vez que me lo propongo, y eso significa la abrumadora mayoría de las veces. En general, no me molesta trabajar y ocuparme al mismo tiempo de los niños, y cuando llego a casa rendida y decido que no tengo ganas de cenar y me meto en la cama, me estremece un placer difícil de describir, la conciencia de una tarde invertida en hacer cosas de verdad, la deliciosa productividad del cansancio..., el único que ahuyenta al insomnio y, con él, a todas esas preguntas intolerablemente cursis acerca del futuro, al destino al que se encamina mi vida y todo lo demás. Cada vez que escucho a una madre de familia decir que necesita más tiempo para ella, se me ponen los pelos de punta... Quizás, lo único que ocurre es que mi insatisfacción contradice el modelo de insatisfacción consagrado por las estadísticas para mujer española emancipada de clase media urbana universitaria de mi edad. Eso espero, porque siempre he detestado a las mujeres insatisfechas."

De "Atlas de geografía humana" de Almudena Grandes.

Porque hoy, así a lo tonto, me he dado cuenta, una vez más, de que las mujeres que me rodean, y yo misma, a pesar de todas las dificultades, de todos los impedimentos, de todas las pérdidas, de todas las indecisiones, de todos los miedos, de todos los tropiezos, seguimos siendo capaces de reírnos juntas y de que las risas broten de la espontaneidad, de la alegría, de la valentía, de la serenidad...

domingo, 11 de septiembre de 2011

UN MUNDO PELIGROSO

Salí de trabajar a las 15:30 horas del 11 de Septiembre de 2001. Había sido una mañana tranquila de trabajo, y me disponía a marcharme a casa con la sensación placentera de que aún quedaba toda la tarde por delante para disfrutar. Subí al coche y puse la radio.
Al principio no me fijé bien en la información que estaban dando porque mi intención era escuchar música y no hacía otra cosa más que dar al botoncito para encontrar una emisora que me gustase. El "mosqueo" empezó cuando comprobé que en todas ellas lo único que se escuchaba eran noticias.  Dejé de dar al botón y me detuve en una preparándome para escuchar lo que fuera a la espera de que la música apareciera, con suerte, por alguna parte.
Me bastaron unos pocos instantes para subir el volumen de la radio y preguntarme " ¿qué narices está pasando?"... Un avión se había estrellado contra una de las Torres Gemelas de Nueva York sin que se supieran aún con claridad los motivos, cuando un segundo avión apareció en la escena para arremeter contra la segunda Torre. Las noticias se estaban dando con estupor; se notaba el desconcierto, la sensación de que algo "gordo" estaba pasando, la incredulidad, la perplejidad ante las dimensiones de la catástrofe...
No fui consciente del trayecto hasta mi casa. No vi la carretera. Conducía como una autómata con los gestos programados y con la mente en otra parte. Tenía ganas de llegar a casa, de encender la tele, de sentarme delante de la pantalla con mis hijas y de llegar a entender.
Fueron horas delante de las imágenes, pendientes de la información que nos iban dando, tratando de encontrar explicaciones, asombrándonos de lo peligroso que es vivir en este mundo, imaginando lo que aquella gente estaba viviendo, preguntándonos qué repercusiones políticas tendría todo aquello.
¡Qué poco vale la vida...! A las imagenes ya cotidianas de las guerras en otras partes del mundo, de las caras de los hambrientos en África, de la represión y la violencia en las revueltas políticas, había que sumar ahora el despropósito de que fuera atacada (y cómo) la nación más poderosa del planeta.
Recuerdo que di gracias por vivir donde vivo, con la idea y el convencimiento de que difícilmente nos pudiera pasar a nosotros algo así. Tremendo engaño...  Años más tarde nos levantamos con la noticia y las imágenes de los atentados de Atocha. 
Estamos en manos ajenas. No importa que seamos buena gente, que cumplamos con nuestro trabajo, que no deseemos mal al prójimo... Otros se encargan de jugar nuestras cartas y de meternos en una vorágine que nos sobrepasa.
Lo que nos queda es la sensación de incertidumbre, las imágenes casi fotográficas del desastre, la tremenda inseguridad como ciudadanos del mundo, el temor a que todavía no se haya acabado todo: no hay más que mirar a nuestro alrededor, a la situación económica que arrastramos, a las tramas políticas y sociales, a la complejidad de todo lo establecido...

sábado, 3 de septiembre de 2011

CHAU PESIMISMO


Ya sos mayor de edad,
     tengo que despedirte
     pesimismo.
     Años que te preparo el desayuno,
     que vigilo tu tos de mal agüero
     y te tomo la fiebre,
     que trato de narrarte pormenores
     del pasado mediato,
     convencerte de que en el fondo somos
     gallardos y leales,
     y también que al mal tiempo buena cara.
     Pero como si nada,
     seguís malhumorado, arisco e insociable
     y te repantigás en la avería
     como si fuese una butaca pullman,
     se te ve la fruición por el malogro,
     tu viejo idilio con la mala sombra,
     tu manía de orar junto a las ruinas,
     tu goce ante el desastre inesperado.
     Claro que voy a despedirte.
     No sé por qué no lo hice antes.
     Será porque tenés tu propio método
     de hacerte necesario
     y a uno lo deja triste tu tristeza,
     amargo tu amargura,
     alarmista tu alarma.
     Ya sé vas a decirme:    no hay motivos
     para la euforia y las celebraciones,
     y claro cuandonó tenés razón.
     Pero es tan boba tu razón, tan obvia,
     tan remendada y remedada,
     tan igualita al pálpito,
     que enseguida se vuelve sinrazón.
     Ya sos mayor de edad,
     chau pesimismo,
     y por favor andate despacito
     sin despertar al monstruo.
MARIO BENEDETTI

viernes, 2 de septiembre de 2011

NE ME QUITTE PAS



Habíamos pasado una semana olvidados del mundo real.
Del mundo del quehacer cotidiano.
Del mundo rutinario y prosaico.
Fueron días sin contacto con el mundo exterior, viviendo emociones a flor de piel,  encerrados en aquel colegio-internado, antiguo, rural...  
Viviendo emociones que había que sacar de lo más profundo de nuestro ser, de los lugares más escondidos de nuestra esencia, del encuentro de cada uno consigo mismo, de la interacción con el otro, de la preparación corporal y anímica para crear un personaje dispuesto a salir a escena...
Estábamos cansados.
Nuestros cuerpos habían danzado, se habían ralentizado, habían explosionado en ráfagas de creatividad, habían aprendido la disciplina en los movimientos. Habían sido vehículo consciente de todas nuestras manifestaciones emocionales como seres humanos, y se habían desconcertado en la búsqueda de los matices en la expresión.
No se vivía otra cosa que no fuera la introspección de la emoción para luego sacarla a la luz, a la vida... 
Trabajamos la mirada, la respiración, la proyección de los sonidos, la contención del sentimiento...
Estudiamos a Stanislavski y a Grotowski.
Establecimos pautas corporales.
Aprendimos a leer textos, a modular la voz...
Compartimos lo que éramos, lo que llevábamos a cuestas, los miedos, las limitaciones, los dones y los talentos, las miserias y las grandezas de nuestras vidas...
Y, al final,
el día de la despedida,
sentados en el suelo,
a oscuras,
en silencio,
con la certeza de que aquello se acababa,
en estrecha comunión unos con otros desde el conocimiento mutuo,
íntimo,
descarnado,
se puso esta canción...
Ne me quitte pas...
Las lágrimas brotaron mudas.
Todo lo que habíamos dado de nosotros mismos se derramó en las manos que se buscaron para apretarse...
suavemente...
sin aspavientos...
serenas...
cálidas...
vacías de sí mismas...
repletas de alegría, de tristeza, de miedo, de cólera, de ternura, de sensualidad...
de vida...
Ne me quitte pas.
Ne me quitte pas.
Ne me quitte pas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

WALT WITHMAN / FRANK SINATRA

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.
Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza
desenfrenada.

WALT WITHMAN


ESPÍRITU ZEN

La perfección para todo aquel
que manda
es ser pacífico.
Para el que combate
es no encolerizarse.
Para el que desea vencer
es no luchar.
Para aquel que se sirve de los hombres
es ponerse al servicio de ellos.

No te preocupes y toma las cosas
como vienen.
Camina cuando quieras caminar.
Siéntate cuando quieras sentarte.
No imites a los que están ocupados
aprendiendo nombres y sentencias.
No hay nada que perder y ganar,
nada de que darse cuenta.

Deja pasar las cosas.
No busques ni huyas.
Todas las aflicciones se originan en la mente.
Por qué buscar en otra parte, liberarse de ellas?
Todo está dentro de ti,
confía en tí mismo y
observa en ti mismo, lo que hay allí.
Y recuerda que tu vida es aquí y ahora.

CENANDO EN "EL ENOL"


Mi hija pequeña y yo teníamos pendiente una cena para celebrar su cumpleaños.
El lunes pasado, cuando llegué a casa tras el trabajo, me sorprendió con la pregunta de si me apetecía salir esa noche. Me pareció buena idea, entre otras cosas porque me gustan los días “corrientes” en los que no existe la prisa y la urgencia de hacer algo diferente, en los que la gente no suele salir porque “no son días para ello” y en los que puedes disfrutar de más espacio en cualquier sitio.
El lugar de la cena fue “El Enol”, restaurante de Villaviciosa trabajado como pequeño negocio familiar y ubicado en la plaza del Ayuntamiento (aunque a mí me gusta más llamarla Plaza del Güevu). La cocina corre en su mayor parte a cargo de Vanesa, amiga de mi hija, que, siendo tan joven, sabe mucho de los entresijos de los sabores y aromas. Lo que elabora en su restaurante es maravillosamente sencillo, espontáneo, ingenioso, atrevido, concienzudo... y muy, muy rico. Ultimamente se está atreviendo con eso que se da en llamar “cocina de autor” o “cocina de diseño”. Y los resultados son increíbles. Para muestra un botón. Nuestra cena (dos menús de degustación) consistió en lo siguiente:

Aperitivo
SNACKS, sables de patata con tandori (especia hindú parecida al curri) y boniatos crujientes.

Una buena manera de hacer boca. Especialmente los sables de patatas me parecieron deliciosos, aunque debo reconocer que los boniatos ponían el toque más original.

 

Primeros platos:
MADE IN JAPAN, ensalada de langostinos crujientes al estilo japonés con frutas, mermelada de tomate, pomelo, frutas liofilizadas y vinagreta de soja.
DESDE PARÍS CON AMOR, terrina de foie en milhojas, con manzana, cebolla caramelizada y boletus confitado, servido con pan de pasas y crema de módena.

La variedad de componentes de la ensalada y el contraste de sabores nos sorprendió. Nos pareció riquísima. La mermelada de tomate creo que va a ser de ahora en adelante algo que tendré en cuenta al prepararla yo en casa; no estará tan conseguida, pero seguro que ya aportará un pequeño toque. La terrina... para enamorar.

Pescados:
UN NORUEGO EN LA HUERTA, bacalao sobre pisto de piquillos y crujiente de puerros.
AL SUR DEL PACÍFICO, merluza con su salsa, espagueti de mar (algas del Pacífico), ajo en vinagre y oliva negra.

La merluza estaba muy buena, pero el bacalao... ¡madre mía cómo estaba el bacalao!

 

Carnes:
EL TURBANTE DEL FAQUIR, solomillo de cerdo crujiente con anacardos y salsa de Biosolán acompañado de muelle de patata con cúrcuma.
1492: EL NUEVO MUNDO, bistec de ternera con cebolla confitada, tortos de maíz y atadillo de trigueros con bacon, y reducción de Pedro Ximenez.

La salsa de Biosolan... jamás se me hubiera ocurrido. Supongo que me falta la creatividad para este tipo de cocina. Es un acierto. Hace del cerdo algo exquisito. Y el bistec de ternera al Pedro Ximenez....Ummmmmmm

Postres:
LOVE OF THE TROPICAL, frutas en texturas: zumo, gelatinas de manzana y tomate, salteado de frutas, polvo de frambuesa y mango, helado y crujiente (en este caso llevaba cachitos de piña y melocotón), salteado de manzana y plátano, esponja (bizcocho hinchado, ligero y delicado) de melocotón, sorbetes de mandarina y manzana verde, y manzana y plátano deshidratado.
LA ERUPCIÓN DEL TIMANFAYA, bizcocho fluido de avellana con helado de mandarina.

Mira que soy golosa , y que si me ponen delante un trozo de bizcocho y una fruta me tiro sin dudar a por el bizcocho... Esta vez tengo que decir que las frutas ganaron la partida. ¡Qué buenas! Había de todo, incluido lo frío y lo caliente, lo seco y lo jugoso, lo fresco y lo seco, lo sólido y lo líquido... Una delicia.

Puedo deciros que LO COMÍ TODOOOOOO. Y puedo deciros que, a pesar de que era mucho, se notó la buena mesa y la buena materia prima porque no teníamos esa sensación de hartura incómoda y disfrutamos de una buena digestión.
Fue además un viaje gastronómico por los sabores del mundo: Japón, París, Noruega, el Pacífico, India, América, el Trópico y Canarias. No hay más que fijarse en el nombre otorgado a los platos y a los ingredientes correspondientes a cada uno de ellos. Una genuina experiencia para los sentidos del gusto, el olfato y la vista... Una agradable conversación con la joven cocinera que se acercó a la mesa... Un encuentro entre madre e hija en la cómplice mirada que todo lo dice: ¡¡¡Ummmm, qué rico está!!!

(La cumpleañera y la cocinera)

PAULO COELHO Y LA DIETA


"Uno de los grandes filósofos brasileños, el cantante Tim Maia, dijo en cierta ocasión: «Me propuse hacer una dieta rigurosa. No probé el alcohol ni el azúcar, y me abstuve de comidas grasas. En dos semanas perdí 14 días».
Vivo hace 28 años con una mujer maravillosa, que de vez en cuando pierde la calma y su buen humor porque, según ella, le sobran unos kilos. ¿No estaremos exagerando un poco? Una cosa es la obesidad y otra pretender parar el tiempo y la evolución normal del organismo.
Lo peor de todo es que constantemente aparecen nuevas maneras de perder peso: comiendo calorías, evitando las calorías, consumiendo grasas compulsivamente, evitando las grasas a cualquier precio... Entramos en una farmacia, y somos visualmente invadidos por todo tipo de productos milagrosos que prometen acabar con las ganas de comer, con el tejido adiposo, con la barriga, etc.
Sobrevivimos todos estos milenios porque fuimos capaces de comer. Y, hoy en día, esto mismo parece haberse convertido en una maldición. ¿Por qué? ¿Qué es lo que nos hace intentar mantener a los 40 el mismo cuerpo que teníamos cuando éramos jóvenes? ¿Es que existe alguna posibilidad de parar esta dimensión del tiempo?
Claro que no. ¿Y por qué tendríamos que ser delgados? No hay ninguna razón para serlo. Compramos libros, vamos al gimnasio, gastamos una cantidad importantísima de nuestra energía intentando parar el tiempo, en lugar de caminar por este mundo celebrando el milagro. Cuando deberíamos estar pensando en cómo vivir mejor, nos obcecamos con el asunto del peso.
Olvídenlo. Ustedes pueden leer cuantos libros quieran, hacer los ejercicios que consideren necesarios, infligirse todos los castigos que deseen y seguirán teniendo, de todas maneras, dos opciones: dejar de vivir o engordar.
De acuerdo que hay que comer con moderación, pero, antes que nada, hay que comer con placer. Ya lo dijo Jesucristo: «Lo malo no es lo que entra, sino lo que sale de la boca del hombre».
Un día estaba en un restaurante libanés con una amiga irlandesa y conversábamos sobre ensaladas. Con todo el respeto debido a los vegetarianos y a los fundamentalistas de la alimentación, la ensalada, para mí, sirve esencialmente para decorar el plato. No podemos vivir sin ella, pero tampoco podemos considerarla el centro de nuestras atenciones gastronómicas. Los periódicos publican a diario historias de jóvenes en busca del estrellato en las pasarelas que terminan muriendo como consecuencia de esta obsesión por el peso.
Recuerden que durante milenios luchamos para no pasar hambre. ¿Quién se inventó esta patraña de que todo el mundo tiene que mantenerse delgado durante toda la vida?
Voy a responder: los vampiros del alma, quienes piensan que es posible parar la rueda del tiempo. Pues no, no es posible. Usen la energía y el esfuerzo que emplearían en una dieta para alimentarse del pan espiritual y continúen disfrutando (con moderación, insisto una vez más) de los placeres de la buena mesa.
El año pasado escribí una serie de columnas sobre los pecados capitales, y la gula era uno de ellos. Pero ¿qué es exactamente la gula? Una obsesión. Lo mismo que la dieta. En este punto, los dos extremos se encuentran, siendo ambos nocivos para la salud. Mientras millones de personas pasan hambre en todo el mundo, vemos que hay gente incentivando la delgadez porque, en algún momento, alguien decidió que ser delgado era la única manera de conservar la juventud y la belleza.
En lugar de quemar artificialmente estas calorías, debemos intentar transformarlas en energía que se pueda aplicar a la lucha por nuestros sueños. Nadie se mantuvo delgado durante mucho tiempo sólo por causa de una dieta".


(Extraído de un articulo de XL Semanal)