"Nadie es mejor que yo". Es la idea fija que se intuye tras la cortina sutil de los comentarios que caen como sin querer, vestidos cínicamente de preocupación por el otro. Es la obsesión por buscar los defectos, por acrecentarlos, por darlos a conocer porque... ¡que importante es que se sepan!... Es un no dejar vivir, un abrirse paso a empujones metiendo bien los codos en los costados ajenos mientras una sonrisa beatifica asoma a los labios...
Y no he podido dejar de pensar en aquellas otras personas que con su actitud favorecen los comentarios, que prestan oídos a las maledicencias, que quieren creerse lo que se les cuenta, que son cobardes a la hora de cuestionar lo que se les dice, que son capaces de romper lazos de amistad por rendir culto al verbo...
Esta noche no he podido dejar de pensar en todo ello... Desacreditar.
Y no he podido hacerlo porque molesta la cicatriz, porque soy conocedora del sufrimiento de esas heridas en otros cuerpos, porque me entristece la pérdida... Por el absurdo...
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