QUIZÁ ESTE MOMENTO...

QUIZÁ ESTE MOMENTO...
La vida es un discurrir de momentos. Suelen sucederse sin que apenas reparemos en lo que nos están ofreciendo. Y, sin embargo, en algunas ocasiones, alguno de ellos, se hace presente y nos hace ser conscientes de nuestra propia existencia...

lunes, 17 de septiembre de 2012

EDWARD HOPPER O EL SILENCIO

Hay una vida detrás de la escena. Lo sabemos. Lo intuimos certeramente. El autor no hace  más que darnos una instantánea donde se recoge lo cotidiano de la vida de los protagonistas (casi siempre sentados, desoladamente sentados), poniendo de manifiesto el silencio y la falta de comunicación, dejando libre la imaginación del observador para inventar la historia reflejada. Una observación empujada a poseer tintes psicológicos, metafísicos, que nos sorprende tratando de escudriñar cómo eran esas personas, qué sentían, qué emociones llenaban la soledad que se aprecia. Es tanto el magnetismo que se percibe, que nos cuesta poco introducirnos a través de la ventana en ese momento congelado e impregnarnos de la nostalgia vacía y devastadora que lo inunda.

domingo, 9 de septiembre de 2012

WALT WHITMAN DE NUEVO


Estoy enamorado de cuánto crece al aire libre,
de los hombres que viven entre el ganado,
o de los que paladean el bosque o el océano,
de los constructores de barcos y de los timoneles,
de los hacheros y de los jinetes,
podría comer y dormir con ellos semana tras semana.
Lo más común, vulgar, próximo y simple,
eso soy Yo,
Yo, buscando mi oportunidad, brindándome
para recibir amplia recompensa,
engalanándome para entregar mi ser
al primero que haya de tomarlo,
sin pedir al cielo que descienda cuando yo lo deseo,

esparciéndolo libremente para siempre.

JEAN-BAPTISTE CAMILLE COROT

A orillas de lago
En el lago
Es posible pintar el aire. Hacer de la luz la gran protagonista del lienzo hasta el punto de vestirle y darle cuerpo. Conseguir que los elementos materiales (las hojas, las ramas, las personas) se transformen en el aire mismo, en su movimiento y en su temperatura.
Realismo, impresionismo, romanticismo, parecen conjurarse en esta escena donde las figuras humanas obtienen la importancia justa dentro del paisaje.
A Camille Corot le gustaba pintar al aire libre. Pasarse horas inmensas con su caballete y sus pinceles tratando de capturar la melancolía, reparando en aquello que otros ojos tenían dificultad para ver. 
A este respecto decía George Moore, crítico y amigo de Manet:
"Sólo vi a Corot una vez. Fue en uno de esos bosques de los alrededores de París adonde yo había ido a pintar. Me encontré allí por casualidad con un señor anciano sentado delante de su caballete en medio de un agradable claro. Después de haber admirado su trabajo, me atreví a decirle:`Maestro, lo que usted hace es encantador, pero no consigo encontrar en el paisaje que tenemos delante lo que veo en su composición´Y éste respondió: `Mi primer término se encuentra allá lejos´y, en efecto, a unos ciento cincuenta metros su paisaje surgía de entre las brumas de un vallecillo extendiéndose más allá de donde alcanzaba la vista hasta un arroyo".
Y es que entre nuestra visión de las cosas y la suya hay espacios extensos.
Él, con su perspectiva lejana, conseguía sencillamente eso: pintar el aire.

 

viernes, 7 de septiembre de 2012

LA TORMENTA

Las nubes empezaron a oscurecer el cielo. 
Llegaron inesperadamente, 
sin haber sido convocadas por un mal día, 
matizando de grises 
los tonos de la existencia.
Luego, a lo lejos, se dejó ver la luz del rayo
rasgando la densa humedad de la niebla.
Algo más tarde, el trueno 
hizo añicos el silencio...
Miré anhelante al todo y a la nada,
esperando un aguacero 
que perfumaba, antes de aparecer,
el aire de la tarde
y que irrumpió despacio, 
adueñándose sin prisas del tiempo,
dejando caer gruesas y lentas gotas de agua
que se estrellaban sin ruido contra todo.
Y me acordé, de manera irremediable, 
de Giorgione, 
de Rousseau, 
de Shakespeare, 
de Platero...



sábado, 25 de agosto de 2012

MARTES CON MI VIEJO PROFESOR (Mitch Albom)

Nos reunimos en la casa de Inés. Y, como algo excepcional, llegué la primera para romper mi característica falta de puntualidad. Decidimos que el salón sería el lugar donde nos sentaríamos para la tertulia pese al calor que entraba por los ventanales y que obligaba a tener bajadas las persianas para hacer más agradable la temperatura. Sin embargo, la tarde fue deliciosa por la compañía y la charla, y dulce gracias a las empanadas de cabello de ángel y los hojaldres solidarios, muy acordes para la ocasión.
"Martes con mi viejo profesor", de Micht Albom, había sido la lectura elegida y obligada para este nuevo encuentro. Debo reconocer que el libro no me gustó demasiado pese al mensaje de vida y esperanza, de lucha, que el viejo profesor universitario aquejado de ELA transmite a un antiguo alumno: una última asignatura impartida los martes sobre el sentido de la vida  "desde la experiencia propia" de un hombre que está viendo como la muerte se va apoderando poco a poco de su cuerpo.
Y me temo que ese estado de ánimo con el que lo leí, no ha ayudado mucho a mi afán de recoger las opiniones del resto de mis amigas tertulianas. Por eso, y antes de seguir adelante, debo pedir disculpas por no ser capaz de transmitir como me hubiese gustado hacer, y como ellas merecen, lo que  expresaron acerca del libro.
Quizá la descripción detallada de los progresos de la enfermedad solapase las pequeñas "perlas" que a modo de reflexión, o de opinión,  van quedando en las palabras tendidas en la conversación entre los dos hombres.  Y eso mismo sucedió en nuestra propia charla de tertulia literaria, que apenas si nos esforzamos en sacarlas a la luz, cegadas como estábamos por la crudeza y crueldad de la ELA, y la forma de encararse a ella del profesor.
No obstante, todas teníamos anotadas o subrayadas algunas de las "perlas":
- "El mundo no se detiene ante nuestras desgracias, todo sigue"
- "La cultura que tenemos no hace que las personas estén contentas consigo mismas. Si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Hay que crear una propia"
- "El amor es el único acto racional"
- "Hay que poner límites a la autocompasión"
- "A veces no eres capaz de creerte lo que ves. Tienes que creer lo que sientes. Y si quieres que los demás lleguen a confiar en ti, también tú debes sentir que puedes confiar en ellos, aunque estés a oscuras, aunque te estés cayendo"
- "Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir"
- "Vivir sin miedo. Desligarse. Saber lo que está pasando, aceptarlo, ir a un lugar en paz y soltarse..."
- "Pasamos por todas las edades y sabemos como son. Tenemos todas las edades hasta la nuestra... No podemos envidiar cuando ya hemos estado allí"
- "Las cosas materiales no pueden servir de sucedáneo del amor, ni de la delicadeza, ni de la ternura, ni del sentimiento de camaradería..."
- "Dedicar tiempo. Estar plenamente presente con la persona que estás en cualquier momento. Aprender a prestar atención. Escuchar "de verdad", nada de charlas intrascendentes..."
- "El matrimonio es un trabajo de equipo. Te pone a prueba"
- "Las personas solamente son malas cuando se ven amenazadas"
- "Hay que pensar por uno mismo y elegir las cosas importantes: lo que valoramos, lo que pensamos, no puede venir impuesto ni determinado por nada"
- "Morir con serenidad: no abandones demasiado pronto, pero no te aferres demasiado tiempo"
- "Hacer las paces con la vida para morir en paz"
- "Hay que encontrar la perfección en los días corrientes"
- "Al morir se pone fin a una vida, no a una relación personal".
Cualquiera de estos pensamientos hubiera podido llenar tardes de charla y café. 
Estoy segura de que todas, al leerlas, reparamos en nuestro propio sentido de la vida y nos detuvimos siquiera unos instantes para releer o para abandonarnos al ensimismamiento.
Estoy convencida del positivismo con el que, cada una a su manera, enfrentó la lectura al darse de bruces con esa otra cara del libro que nos relata el deterioro de un hombre. Y digo positivismo porque sé que el mensaje solapado tuvo su efecto y consiguió que sobre la idea de la muerte prevaleciese la de la vida. Y que la mejor manera de lograrlo es la de vivir sin demasiados aspavientos.

lunes, 20 de agosto de 2012

CIELO DE CENIZAS


Fue durante el regreso a casa a la salida del trabajo, alrededor de las seis de la tarde. 
El día estaba siendo bochornoso, con alguna pequeña nube oscilando en un cielo pintado de un azul luminoso e intenso, cargado de calor. 
Iba distraída, pensando en lo que había deparado la mañana, en el reencuentro con los compañeros, en las caras nuevas,  calibrando lo que me costaría ponerme al día tras el periodo de ausencia, y queriendo al mismo tiempo desechar todo vestigio laboral de mi saturada mente. 
Había puesto con ese fin música de Malevaje, para que me acompañase en el trayecto con su voz desgarrada de tango, para que me fuese alejando poco a poco del trajín diario y me cobijase con sus tonos cálidos,  profundos y despechados.
Las ventanillas del coche estaban bajadas y entraba por ellas el aire caliente y el olor de la tierra seca y los campos amarillos. La carretera estaba poco transitada, animándome a quebrantar su callado silencio con mi voz de mujer solapada por el argentino timbre masculino,  llenando el espacio con palabras cadenciosas de amargos sinsabores.
Pero, súbitamente, algo cambió...
Las sombras aparecieron  de pronto, como queriendo hacerse eco de la pasión. El cielo se tornó plomizo y la luz de la tarde se transformó por completo. En lo alto, flotando densamente, se había instalado lo que parecía una enorme nube de tintes ocres y bordes grises, entoldando y sombreando todo lo que bajo ella existía. Parecía que fuese a llover sin humedad en el aire. 
Luego me llegó el olor, muy sutil, de rescoldos de apagadas brasas humeantes. 
Eran las últimas señales del incendio: un cielo de cenizas y un sol eclipsado de tintes granates.
Un acertado y trágico escenario para conjurar el tango envuelto en humo...

viernes, 10 de agosto de 2012

INSEGURIDAD

Fue tan solo un comentario, 
una pregunta en la intimidad de la conversación.
Fue un instante para el miedo,
para que apareciese la duda,
para estrenar la inseguridad,
para que la desolación irrumpiese 
con sus ropajes ondeando al aire
 despojando de asideros al pensamiento.
Fueron pocas palabras para desatar la tormenta.
Y la mirada se quedó baja, triste, ausente, sola.



miércoles, 1 de agosto de 2012

EN EL MUJA


La foto fue realizada en una tarde gris, en la esplanada que está justo a la entrada del MUJA en Colunga. No tiene nada de particular, y quizá por esa razón ha constituido durante un tiempo la imagen de presentación de este blog: cualquier momento puede ser especial, cualquier detalle de la vida y de todo lo que ella nos ofrece contiene el significado que seamos capaces de darle.
He decidido sustituirla, no porque me haya cansado, ni porque la que ahora ocupa su lugar me parezca más bonita o más evocadora. No. Es por una simple cuestión de variedad.
Sin más complicaciones.
Posted by Picasa